La Escuela Central de Anormales

 

ANTECEDENTES.

Pioneros.

            Carlos Nebreda, uno de los pioneros de la educación de anormales, en 1873 visita la Exposición Universal de Viena y tiene la oportunidad de estudiar los colegios de anormales en Francia, Alemania y Suiza.

            Había educado a un sordomudo y ciego de nacimiento y con él había acudido a la Exposición Nacional de Madrid y a la Universal de Filadelfia en 1876.

            En el Hotel Palacio de la Quinta del Espíritu Santo, a dos kilómetros de la Puerta de Alcalá, funda con el psiquiatra Pedro Espinosa, el primer Centro de Educación de Anormales en España. Tenía dos Secciones, con dos clases cada una; aunque su orientación era más asistencial que pedagógica.

            Agustín Rius, adquiere las primeras experiencias sobre material y métodos de enseñanza de anormales en la Exposición Universal de París en 1867.

            Funda en Barcelona, el Instituto médico Pedagógico para Niños Retrasados. Mezcla de Hospital y Sanatorio para niños en edad escolar, clasificados en tres grados. La metodología de Rius se basaba en motivar bien todas las actividades, para fijar la atención, metodología activa en la que el ocasionalismo juega un papel importante.

            La Dirección Médica se encargaba de la higiene y curación de los alumnos y la Pedagógica de la educación, el tratamiento intelectual y moral.

            Francisco Pereira, maestro de Parla, Madrid, fue impactado por el "Crimen de la Plaza Mayor" en 1901, muy difundido por la prensa en cuyo juicio, el abogado defensor del joven anormal utilizó recursos pedagógicos, y en el que también intervino el maestro de Enseñanza Primaria que le había tenido hasta los 16 años.

            Cuando un alumno suyo con hidrocefalia, que sufría mucho por las burlas de sus compañeros, murió, se decidió a dedicarse a trabajar por estas personas.

            Solicitó una beca, se la concedieron y se marchó al extranjero. Estando en Bruselas, asiste al Congreso Internacional de Enseñanza Primaria en Lieja, 1905. Allí resalta el papel ineludible del maestro en la educación de los anormales, al mismo nivel que los médicos y juristas. Añade que el poner al Pedagogo bajo la Dirección de un médico, era arrebatarle la libertad pedagógica. Con visible mal humor, Decroly, médico y pedagogo, interviene aseverando que la cuestión de la Dirección era secundaria, lo que importaba era la preparación científica de quién ostentara el cargo Directivo, llevase etiqueta de médico o de pedagogo, y por supuesto la colaboración de ambos.

            Es designado miembro de la "Comisión Internacional Permanente de Pedagogía" junto a Binet y regresa a España. Acentúa su labor de promoción y propagandística, y crea en Madrid, en 1908, La Escuela Sanatorio, en la Carretera del Hipódromo a Chamartín, 43. Titulada la primera institución de su género en España, ofrecía tratamiento psiquiátrico‑pedagógico individualizado y continuo (sic).

            Marcaba como objetivo el preparar al niño mentalmente anormal para vivir lo más naturalmente la vida social ordinaria. El programa de la Escuela abarca desde enseñar a comer, a vestirse, a hablar... hasta la adquisición de una cultura elemental lo más amplia posible.

            Pereira, recordaba insistentemente al Directorio y a la opinión pública la necesidad de que el Estado atienda educativamente a los niños mentalmente anormales y "de reconocer expresamente el deber de proporcionar a los niños mentalmente anormales la instrucción y educación a ellos necesarias y adecuadas, y declarar estas, para los mismos tan obligatorias, como para todos los otros niños".

 

Instituciones

            - Instituto médico Pedagógico del Doctor José Córdoba. El doctor Córdoba se había especializado en Psicopatología en París y se casó con Rosalía Ferreiro, eminente pedagoga, con la que fundó el Instituto en 1.915.

            El Instituto médico Pedagógico era una casa de cura y educación destinada a:

1.- A los niños excitables, rebeldes, inestables, impulsivos, que no pueden someterse al régimen de las escuelas ordinarias, ni a la disciplina familiar.

2.- A los niños apáticos, asténicos con inactividad de todas las funciones psíquicas y fisiológicas.

3.- A los atrasados débiles de la mente, en todos sus grados.

4.- A los niños que padecen afecciones nerviosas, complicados o no de accidentes convulsivos.

5.- A los niños que sufren "tics".

6.- A los que tienen algún defecto de lenguaje.

            Educación individualizada según los tipos clínicos pedagógicos.

            Para llevar a cabo una información completa sobre el estado biológico y mental de cada alumno, posee el establecimiento los correspondientes laboratorios.

            La organización se ajusta estrictamente a los preceptos de la higiene escolar.

 

            - Instituto de Deficientes Vilajoana. En 1.917 el Ayuntamiento de Barcelona funda el Instituto de Deficientes de Vilajoana. Por iniciativa del doctor Alcina y Melis, formado en la escuela italiana de Ferrari y Sante de Santis, y más tarde con María Montessori.

            Disponía el Instituto de un laboratorio de psicología, donde de forma sistemática se procedía a los exámenes psicológicos de los niños anormales, candidatos a ingresar en el Instituto.

            En un primer examen se fijaba el nivel intelectual y su deterioro, en un segundo su capacidad y un inventario de su inteligencia.

            El psicodiagnóstico se fijaba en términos psicológicos y se realizaba la apreciación de las circunstancias futuras en un psicopronóstico que comportaba el estudio del problema del desarrollo, de las diversas funciones mentales y de su progresión.

            Para analizar el desarrollo del espíritu del niño se seguía a Claparede:

1.- Herencia y medio. 

2.- Problema genético funcional: Cuáles eran las condiciones de eclosión de una función determinada, cual era la función genética de un proceso mental dado, y por último, el orden natural de desarrollo de las funciones mentales.

3.- En los modos de desarrollo: Cuáles son las transformaciones del psiquismo en el curso del desarrollo, y la influencia de los problemas sobre el desarrollo mental.

            En el Laboratorio se atendía también a niños del Ayuntamiento de Barcelona en régimen ambulatorio.

            El Instituto se proponía corregir los defectos de los niños en la medida de lo posible, y prepararles para la vida; tenía un carácter educativo y profesional a la vez. No trataba de desarrollar programas similares a los que se daban en la escuela, sino que daba un mínimo de conocimientos e insistía desde el principio en la preparación de una educación profesional, para formar en la medida de lo posible, hombres útiles a ellos mismos y a la sociedad.

            En contacto con la naturaleza y con los animales, los trabajos se orientaban preferentemente en la agricultura, y todos los trabajos no estaban orientados a los músculos ni al trabajo en si mismo, sino hacia el desarrollo neuromuscular y desarrollo global de la personalidad.

            Los anormales ligeros asistían a clases anejas de los grupos escolares de la Villa y el fin no es otro que adaptar al niño lo más rápidamente posible a las clases ordinarias.

            El Instituto de Vilajoana, con su Laboratorio y organización, fue la primera escuela pública de responsabilidad municipal. (Congreso de Higiene Mental de París. Barcelona 1.922)

 

El Patronato de Anormales.

 

            Fue creado el 22 de Enero de 1910 con carácter consultivo y de asesoramiento con la denominación de Patronato de Sordomudos Ciegos y Anormales; en 1915 se aprobó el Reglamento corporativo del Patronato Nacional de Anormales y como materias de competencia ejecutiva se especificaban:

1. El reconocimiento de la anormalidad.

2. El Tratamiento de la anormalidad.

3. La tutela post‑escolar de los anormales.

            A partir de 1916, por una serie de conflictos y competencias, se dio marcha atrás en el proceso de institucionalización de la educación de anormales. En el año 1921 el Presidente del Patronato de anormales, se dirige al Ministro de Instrucción Pública "... el deseo de fundar la Primera Escuela Especial para la enseñanza de Anormales mentales en Madrid, que servirá de norma y modelo para la fundación de las muchas que sea preciso en España, si la enseñanza de los niños deficientes mentales ha de ser un hecho.

            El ideal del Patronato encargado del planteamiento, organización y vigilancia de la Institución es la Fundación en Madrid de dos Escuelas Centrales, de una en cada capital de provincia y en algunos municipios y en otras clases especiales de las escuelas nacionales.

            Con la cantidad en el presupuesto (25.000 pesetas) se podrá fundar la primera Escuela Auxiliar, que será solamente, hoy por hoy, para los débiles de inteligencia susceptibles de corrección o sea de una educación elevada llamada por los alemanes "clases de avance". En vez de seis o más grados, por no disponer de fondos suficientes, constará solamente de una clase maternal de cinco a siete años y de dos ó tres grados".

            Expone a continuación el presupuesto detallado y concluye la instancia "esperando de V. E. que el presupuesto nuevo aumente la consignación para fin tan humanitario y de muy ventajosos resultados que rebajarán las cargas del Estado en lo que se refiere a protección o asistencia a inútiles, trocando a estos candidatos seguros de inutilidad social, en productores normales" (7 de febrero de 1922, A.G.A.).

            En marzo de 1921, el Presidente del Patronato vuelve a dirigirse al Ministro, presentado un análisis de la legislación desde la Ley de 1857 hasta los Reales Decretos de 18 de julio de 1914 y de 30 de Agosto de 1914. El primero ordena que en las Escuelas Graduadas de 6 o más grados, pueda formarse un grupo de mentales anormales, y el segundo, que a la mayor brevedad posible, las escuelas graduadas anejas a las Normales se amplíen hasta quedar constituidas en seis grados. Con ello se lograría: la difusión indispensable de la enseñanza especial sin gravar el presupuesto, y la preparación de los maestros para la enseñanza de los anormales mentales.

            Se quejaba el Presidente de "la indiferencia del Ministerio ante la educación de los deficientes mentales y físicos del aparato locomotriz ya que los deficientes sensoriales están tutelados por otro Patronato".

            Y, que desde el Patronato Nacional de Sordomudos, Ciegos y Anormales, 22 de enero de 1910, en su Sección de Anormales al cual siguió el Patronato Nacional de Anormales y especial de Sordomudos y Ciegos, organizado por Real Decreto de 8 de agosto de 1916 y el actual de Anormales, de Real Decreto de 24 de agosto de 1917, no se produjeron desarrollos legislativos. Atribuye tal injusticia a los continuos cambios en el propio Organismo y a los cambios de Ministro "han pasado como un desfile cinematográfico por el Departamento de Instrucción Pública".

            Por otra parte y como un motivo más del conflicto de intereses y competencias, el Instituto de Sordomudos, Ciegos y Anormales había presentado un proyecto y presupuesto para la instalación de una Granja Agrícola y Escuela de Anormales Mentales.

            La Granja se proponía como respuesta a los modernos procedimientos científicos de educación de Anormales en general, y singularmente, a las conclusiones aprobadas en el II Congreso de Protección a la Infancia (Bruselas, julio 1921). En la misma Granja debería de establecerse, una Escuela de Anormales psíquicos, que debería llamarse para evitar en lo ulterior daños sociales posibles a sus alumnos, Escuela Primaria Especial.

            También presentaban un Proyecto de Reglamento. El Reglamento fue aprobado por Real Orden de 19 de septiembre de 1922 y establecía el funcionamiento de la Escuela de Anormales, como aneja a los Colegios Nacionales de Sordomudos y Ciegos. Destacamos los artículos relacionados:

Art. 1.- La Escuela Primaria Especial, tiene por objeto educar e instruir a los escolares que por su retardo o anomalía mental no deban de ser educados en las escuelas ordinarias, y a los que al terminar su escolaridad en ellas y por causas análogas, no están en condiciones de comenzar el aprendizaje de una profesión u oficio.

Art. 2.- A tales fines admitirá en las condiciones fijadas por el Reglamento, a los escolares enviados por Inspectores, Maestros o Directores de Escuelas, o por sus padres, siempre que se justifique que han asistido a más de una Escuela Pública.

Art 4.- Los alumnos serán examinados en el Laboratorio de Sordomudos, Ciegos y Anormales..., las normas para este examen serán las fijadas por Binet y Simón para el diagnóstico de niños anormales...

Art 6.- En el mismo laboratorio se hará un estudio Psicopedagógico y de adaptación profesional, mediante los datos del examen fisiológico y patológico, las normas de su educación y de su orientación profesional.

Art 7.- El número de alumnos no deberá exceder de 10 por clase.

Art 10.- La Oposición para proveer plazas de maestras de la Escuela Especial, se hará por Oposición Libre.

Art. 11.- Los ejercicios de oposición serán tres, uno teórico y dos prácticos:

1.- Contestación a cinco temas de un cuestionario de Pedagogía de Anormales y Psicología Experimental.

2.- Estudio psicopedagógico de un niño en edad escolar, determinando su anormalidad y las normas provisionales para su educación.

3.- Práctica de enseñanza de anormales, durante una sesión completa, a ser posible.

 


ORGANIZACIÓN DE LA ESCUELA.

 

            La Dirección de la Escuela está compartida por una Comisión constituida por dos médicos y la Directora; los acuerdos habrán de adoptarse por unanimidad entre los miembros de la Comisión. En caso de faltar aquella, habrá de elevarse el asunto a la Superioridad.

            No se recurrió al Ministerio en ninguna ocasión en los primeros años, por la conjunción y transferencia profesional entre los Doctores José Palancar Tejedor, César Juarros y María Soriano que componían la Comisión de Dirección.

José Palancar era Doctor en Medicina y Cirugía, que había estudiado en Francia y Alemania. Se había especializado en la Ecole de Hautes Etudes en París bajo la Dirección del profesor Alfred Binet y en enfermedades mentales en la Facultad de Medicina de París. Autor de numerosas publicaciones y artículos, destacaban entre los más relacionados: Ensayo Psiquiátrico sobre la fatiga escolar (Revista de Especialidades Médicas), Los Laboratorios de Psiquiatría Escolar (Ciencias de Curar), Profilaxis Psiquiátrica en la Escuela (Memorias de la Inspección médico Escolar de Madrid), Trabajo Manual en los Niños Anormales, Ergopedagogía y Ergoterapeútica, (Revista de Especialidades Médicas)...

Un médico organicista, formado en Alemania y de alto valor en el Campo de la Psiquiatría.

César Juarros, Doctor en Medicina y médico Mayor del Ejército, retirado. Fue profesor de Psiquiatría de la Academia Militar y del Instituto Español Criminológico. Autor de innumerables trabajos y artículos, tanto científicos como literarios, entre los más relacionados: Educación de Niños Anormales (III Congreso Nacional de Pediatría), El Nivel Motórico, la Edad Motora (Ediciones Morata), Trascendencia Práctica del Conocimiento de las Neurosis Infantiles (Revista de Sanidad e Higiene Pública), Pautas del Oseretzsky para valorar el Desarrollo Motor (Medicina Latina)... Era un médico con proyección psicogenética, de alto valor en la Psiquiatría.

María Soriano, aporta al equipo Directivo su juventud, su fe, su pasión por la Biología, sus estudios e investigaciones en la Junta de Ampliación de Estudios de España, su espíritu científico y su formación permanente y continua en Alemania, Suiza, Austria, Bélgica y Francia.

 

Trabajo en equipo y Equipo Médico Pedagógico.

 

            El estudio de los anormales se había introducido en España, como en los otros países, en la lucha dialéctica con la Medicina. La controversia entre los especialistas de lo biológico, que se acercan a este campo con su preparación más especializada, y los pedagogos, con una formación más difusa y que quieren ocupar un terreno más especializado y que, en principio, no les corresponde. Al introducir la Psiquiatría Infantil en las Escuelas Superiores de Magisterio de Madrid y Barcelona, la Psiquiatría española se convierte en muy escolar, muy al alcance del docente.

            Con los procedimientos de Binet y Simón, y la aparición de la Psicología, se radicalizan las posturas y se estratifican dos tipos de diagnóstico: el diagnóstico médico, el de aquellos que no forman parte de la población escolar, y el diagnóstico escolar de los niños anormales, que sin intervención médica, permiten separar a los alumnos necesitados de una educación especial.

            Así la Pedagogía de Anormales se movió entre dos polos: el de una utopía sin bases reales y el de una acción filantrópica social. Por el primero se realizaba una clasificación de los sujetos y se establecía una gama de enseñanzas graduadas, en teoría adaptadas a las diversas anormalidades. En cuanto a la filantropía, por la presión de determinados grupos sociales y algunos profesionales, la Administración preconiza la tutela de la infancia a cargo de la Sociedad de Menores de 10 años y en la Asamblea Nacional de Protección a la Infancia (Madrid, 1914) se propone normativa de corte profiláctico.

            En 1917, la obra del Dr Lafora "Los niños mentalmente anormales" constituye un vademecum práctico donde se exponían los conocimientos más actuales sobre niños normales y anormales, causas del retraso, psicología, diagnóstico y pedagogía. Esta obra representa la síntesis de la Medicina y la Pedagogía.

            Síntesis que protagonizaron María Soriano y César Juarros, ella joven, investigadora, que aprendía de todo; él, ya curtido en muchas experiencias, arrogante y grandioso, pero trabajador ilusionado, médico y educador. En las clase de alemán en la Escuela de Idiomas, parecían padre e hija. Hablaban el mismo idioma, firmaban juntos los artículos y conferencias.

            César Juarros opinaba de la educación, coincidiendo con Folster (Anales de la Academia Americana de Ciencias Políticas y Sociales) "educar no es trasmitir conocimientos sino formar caracteres. Antes educar resultaba sinónimo de imponer una personalidad; al educador le bastaba con un poco de energía y perseverancia; pero los tiempos han cambiado, afortunadamente, y hoy ya no existe medio de planear un régimen educativo sensato, sin conocer perfectamente el carácter, el organismo, las huellas de la herencia, la acción del ambiente de cada niño. (Significación y alcance de la Inspección médico Escolar en la Educación Infantil. Legado Roel numero 25) y más tarde en la Semana médico‑Pedagógica (Imprenta Comercial. Madrid 1930) "ninguno de los que me escuchan ignora que en lo que a educación se refiere, el libro va perdiendo categoría y ganándolo la observación y el encauzamiento de la conducta.

            El educador moderno no impone normas sino que mantiénese al margen del desarrollo psíquico y físico del niño, limitándose a quitar los obstáculos que a ello puedan oponerse, ínterin una vacilación, un descubrimiento no le obligue a tomar parte activa, como ayuda cómo sostén, nunca como conductor".

                        ¿Habla Juarros, habla María Soriano?.

            En lo que respecta a la anormalidad, Juarros se había aliado con Claparéde en su Psychologie de l'enfant, (Génova 1916), donde afirma que no caben exclusivismos y que el problema de los anormales no puede tener solución mientras no sea en base a la colaboración íntima entre el médico y el maestro. Cuando en 1906, Claparéde realizó la estadística de los niños retrasados en Ginebra, encontró a varios niños retrasados en los cuales el retraso no se explicaba ni por las negligencias de los padres ni por la huella de la enfermedad actual o pasada. Los anotó bajo el título Retardo por desarrollo lento, por oposición a precocidad.

            No sólo es necesaria la colaboración del médico y el maestro para el diagnóstico, se precisa de los padres.

            El doctor Regis, en Burdeos, en su obra Precis Psychiatríe, pasaba cuestionarios a padres y maestros con el objetivo doble de conocer el estado de fondo intelectual, la inteligencia desde el punto de vista cualitativo; y el estado o funcionamiento intelectual, inteligencia desde el punto de vista cuantitativo.

            Jean Demor, médico Jefe de la Escuela de Anormales de Bruselas en "Los niños anormales y su tratamiento" avanza más, "es necesario que se instruya al público de las necesidades efectivas de los niños anormales ... el problema no puede resolverse por la comparación de las conclusiones numerosas y distintas , tanto médicas, cómo pedagógicas, que únicamente pueden conseguirse mediante una observación del niño continuada, durante mucho tiempo y mediante el conocimiento exacto de la familia y las condiciones en que vive".

            Decroly en su "Clasificación de Anormales" insiste en la intervención de los padres y Lafora en "Los niños mentalmente anormales" establece la colaboración entre el médico y el maestro desde los 86 items que juntos han de realizar para decidir el ingreso de niño. María Soriano (2) avanza que:

            "La utilidad de la colaboración entre médico y maestro, no sólo lo es por motivos de interés técnico, sino que influyen motivos espirales ligados a las características de cada profesión. Los médicos están atentos a escudriñar lesiones. Ante el dolor se muestran sordos y en muchos casos se ven obligados a promover el dolor como trámite ineludible para la curación. El médico no siembra, poda; merma más que aumenta, refrena más que impulsa. El fervor profesional médico implica abandono de la vanidad. Ser médico significa ser leal consigo mismo y renunciar al asombro. No ha de asombrarse de nada ni de no asombrarse. Los médicos tienen por credo el estoicismo.

            El maestro, en cambio, no busca sino espera. El canon de su eficacia no requiere ideas cruentas, sino comprobación cotidiana de progresivos florecimientos. El maestro es un creador de horizontes y el médico aspira a conservar. En esta diversidad de planos de acción radica la posibilidad y conveniencia de la colaboración. La clave está en la severa limitación de fronteras, colaboración no quiere decir mezcla ni disolución, al contrario para ser útil requiere que cada cual conserve cuidadosamente las características peculiares de su técnica".

            Tal es así que en la Escuela Central de Anormales, esta colaboración constituye él régimen técnico de la misma. El alumno desde que entra por la puerta, hasta que es dado de baja o cumple la edad, es objeto de esta conjunta colaboración. Incluso las publicaciones en revistas técnicas y trabajos experimentales, llevan la firma de un médico y de una profesora.

            Pero también por razones técnicas es necesaria esta colaboración (3),"para abordar con éxito la educación de un anormal, es necesario un diagnóstico: examen médico, observación de conducta, tests psicológicos y examen pedagógico. Los tests, no representan un medio capaz por sí sólo de permitir conocer la mentalidad infantil sino en algunos aspectos parciales, dependiendo de su utilidad más que de ellos mismos, de cómo son interpretados".

            "Tampoco la educación de anormales, permite el empleo de un método único; es sustancialmente un problema de individualización, de acoplamiento de técnicas recogidas de los distintos sistemas sin otra norma que el del conocimiento en todos sus aspectos de la personalidad de cada niño".

            En cuanto a los resultados que la educación de anormales permite obtener, son todavía pequeños, y en los éxitos pregonados por algunas estadísticas sobradamente optimistas, influye el mezclar e incluir como anormal auténtico a simples retrasados escolares. En todo caso, el progreso de los anormales implica como condición esencial el aumento de la intensidad de la colaboración médico‑pedagógica (1925).

            María Soriano, César Juarros y José Palancar en la Escuela Central de Anormales, rompieron con la dialéctica entre la Medicina y la Pedagogía. De la conjunción de las tendencias psicogenética y organicista de los Doctores y de la visión pedagógica de María Soriano, surgió una actitud científica, equilibrada al considerar al niño en su utilidad total, aceptando conceptos de las escuelas psicoanalistas pero sin olvidar el sustrato orgánico y bioquímico trasmitido en parte por la herencia, y sin olvidar la individualidad portadora del medio familiar y social.

            El Doctor Juarros, con un desinteresado amor por la infancia, introdujo principios revolucionarios de la Psicología profunda a la Pedagogía.

            María Soriano con su criterio científico y fe en la Medicina y en los avances técnicos aportó una pedagogía científica que sitúa a la Pedagogía de Anormales entre la Pedagogía clásica, la Medicina y la Psicología. Esta situación de linde, de frontera la resuelve con la colaboración.

            La exigencia para una acción eficaz en relación con el desarrollo del niño anormal y desde el diagnóstico al tratamiento, la sitúa en la colaboración en la acción conjunta y convergente de médicos, Pedagogos y Psicólogos.

            José Palancar aporta el rigor en los procedimientos para el conocimiento de las mentes y las conductas. Los tres asumen la individualización familiar y social del niño anormal.

            Este equipo, por su complementariedad y coherencia, y por su fe en los diagnósticos y tratamientos, formó a multitud de profesionales, membró a otros equipos y creó un ambiente de investigación y científico en la atención a los anormales; también creó un ambiente social de comprensión para los problemas de la infancia anormal e inadaptada.

 

 

FUNCIONAMIENTO DE LA ESCUELA

 

            El Real Decreto Orgánico de 13 de septiembre de 1924, en su exposición manifiesta su finalidad: "Al reorganizar la Escuela Especial de Anormales, no puede perderse de vista la necesidad de que no solamente cumpla con el fin de educar a los que en ella puedan ser admitidos, sino que debe ser modelo de otras semejantes y plantel de futuros maestros especializados en la materia".

- En su Art 6, "La Escuela primaria Central de Anormales tiene por objeto educar e instruir a los escolares que, por su retardo ó anomalía, no deben de ser educados en las escuelas ordinarias y a los que al terminar su escolaridad en ellas y por causas análogas, no están en condiciones de comenzar el aprendizaje de una profesión u oficio".

- El Art 11 "Se organizará en la Escuela una Biblioteca, con una sección de libros sobre la especialidad de Anormales".

- Art 13 "Adjunto a la Escuela, habrá un Laboratorio de Biometría y Psicología Experimental".

- Art 22 "Con objeto de divulgar y propagar los conocimientos sobre educación de niños anormales y formar maestros que a esta especialidad se hayan de dedicar, se organizarán cursos trimestrales de perfeccionamiento en los cuales se tratarán intensivamente, todos los problemas relacionados con el diagnóstico de los niños mentalmente anormales".

 

            El Reglamento de la Escuela Central de Anormales, aprobado unos meses más tarde, en Diciembre, es más ambicioso, y resume y especifica la actividad de la Escuela en su Artículo 1: "La Escuela Central de Anormales tiene por objeto la reeducación de los niños afectos de retraso o anomalía mental, el adiestramiento de médicos y maestros en el manejo de estas técnicas científicas y la divulgación de las nociones precisas para que pueda contar con ambiente favorable a una rápida y completa solución del problema de los niños mentalmente deficientes".

            En este articulo se dan inmensos pasos sobre las realidades del momento: por primera vez se habla de niños afectos de retraso o anomalía mental y no de niños anormales, esta diferencia es algo más que terminológica, es más profunda, y responde a una filosofía médica, psicológica, pedagógica y social.

            Incluye a los médicos en los programas de Formación, y por último instrumenta la información y divulgación para lograr un ambiente favorable para la educación e integración.

            Este artículo, en cuya elaboración fue determinante la aportación de María Soriano, por ello y por analogía, podría leerse así: La vida de María Soriano tiene por objeto la reeducación de los niños afectados por retraso, deficiencia o discapacidad; el adiestramiento de médicos y maestros y nuevos profesionales en el manejo de las técnicas científicas de la Pedagogía Terapéutica y Educación Especial; la creación de Asociaciones Científicas y Entidades para que investiguen y divulguen las nociones precisas para crear un ambiente más favorable para la mejor solución de los problemas de las personas con discapacidad.

            Estas eran sus pasiones y sus trabajos, y a ellos, desde lo veinte años, dedicó y entregó su fecunda vida. Tuvo la suerte de que su familia, lo más importante y absoluto para ella, primero sus padres, y después su marido y sus hijos le permitieran dedicarse a ello, lo compartieran con ella.

            Con ilusión, fe y alegría María Soriano entregó 47 años de su vida a la Escuela Central de Anormales, desde 1960 Instituto Nacional de Pedagogía Terapéutica.

 

 

Comienzos

 

            La Escuela Central de Anormales tiene una trascendente y especial significación para la atención a los niños anormales, para el desarrollo legislativo, para el reconocimiento de derechos, para los avances científicos y tecnológicos, para la toma de conciencia social y para la Pedagogía Terapéutica y Educación Especial.

            Se trata, en efecto, de la Primera Escuela Oficial, ya que hasta entonces habían sido privadas, como el Sanatorio Escuela de Pereira, el Instituto médico Pedagógico del Doctor Córdoba ... y sólo el Instituto de Deficientes de Vilajoana de la Municipalidad de Barcelona tenía carácter público.

            Fue creada sobre bases sólidas y tras la superación de dificultades presupuestarias y en contra de la institucionalización, que fueron superadas por el análisis y posterior comprensión de la problemática por parte de la Sociedad y la Administración. Respondió al propósito gubernamental de hacer de ella el punto de partida para llegar a una asistencia científica y a la expansión de otras Escuelas por todo el Estado.

            "En la Huerta del Obispo, en Bellas Vistas, cerca de la Dehesa de la Villa, y después de coger el tranvía, teníamos que ir andando por charcos y entre chabolas, provistos de buenas botas; por clase teníamos un cobertizo, por calefacción una hoguera y por dotaciones sanitarias un botijo. Allí comenzamos nuestra labor, un Grupo de maestras y médicos, sin más bagaje que la ilusión de haber ganado una oposición y el entusiasmo propio de los pocos años. Nunca hemos trabajado tanto, y con tanto empeño como en aquél ambiente tan pobre". (4)

            Poco tiempo la Escuela permaneció allí, por las presiones ante la falta de medios y recursos, y por el buen hacer de César Juarros para mediar y buscar mejores soluciones. El segundo jalón en la línea de superación fue el trasladarse ala Castellana, pero no sólo por eso sino por independizarse del Colegio Nacional de Sordomudos y Ciegos, se consiguió la autonomía de la Escuela. (5).

            Se ubicó en un hotel de los de la Castellana, el número 66, de tres pisos y un sótano, edificio principal y clínica anexa, y rodeado por un jardín. A diferencia de otras instituciones de la época, todo el edificio y lo que había dentro de él, respondía a criterios pedagógicos; María Soriano se ocupó de que hasta el más mínimo detalle tuviera intención educativa.

            En todos los detalles se pretendía un ambiente agradable de alegría y amor, para que el alumno tuviera verdadera afición a la Escuela. María Soriano defendía que el niño privado de afecto no alcanzaría todo su desarrollo posible y que la riqueza de estímulos del entorno próximo posibilitaba mayor cantidad y calidad de experiencias. Si no hay estímulos, y si el niño no es estimulado, el niño tendrá que adaptarse con dificultad a la Escuela, si es que se adapta.

            Pensaba María Soriano, como María Montessori algunos años antes, que había que vivificar continuamente la atención de los niños anormales, suscitar su observación y exhortarle a la acción. Por eso en todas las clase había una pecera, en el mirador una hermosa pajarera, en las paredes cuadros, las perchas cabezas de animales, en las esquinas ánforas.

            María Soriano diseñó las mesas y sillas de los alumnos, en nada parecidas a las de las escuelas de entonces. Lo mismo que Decroly, (con quien estuvo trabajando Dolores Plaza compañera y leal colaboradora de Doña María Soriano, Secretaria de la Escuela), que llevaba varios días visitando las mismas tiendas para comprar unas sillas y unas mesas, hasta que un dependiente le preguntó cómo quería las mesas y sillas, a la contestación de Decroly, el dependiente contestó "Ah, de esas no tenemos. Vd. las que quiere son para trabajar, las que tenemos son para estar sentados". María Soriano concibió, diseñó y pintó las mesas y sillas de los alumnos: esmaltadas, recias sin ser pesadas, bellas sin estridencias, lavables, limpias y atractivas para los alumnos. No sólo las clases respondían a un planteamiento educativo, a una planificación minuciosa de cualquier detalle; nada se dejaba al azar, nada se podía encontrar que no tuviera un sentido, que no estuviera orientado a un fin.

            Cuatro objetivos se perseguían en cada rincón:

Alegría, por el colorido, la luz, las plantas, los juguetes, espacios abiertos y dinámicos, rincones atractivos; y todo orientado para que los alumnos mostraran verdadera afición por la Escuela.

Comodidad, esteras para sentarse los más pequeños, hamacas de tijera para descansar y todo rodeado de juegos y juguetes.

Arte, obras cedidas por el Museo de Arte Contemporáneo, en depósito y trabajos de los mismos alumnos, en un contrapunto de creatividad y ambiente rico.

Educativo, en detalles y en su conjunto, todo estaba estudiado con esmero, todo aprovechado de cara a la mejor situación educativa del alumno.


 

Personal.

 

            Además de la Dirección, María Soriano, César Juarros y José Palancar y de las maestras Carmen Higelmo y Dolores Plaza, que además desempeñaba la función de Secretaria de la Escuela, tres maestras Auxiliares, nombradas por concurso, Ángeles del Río, Felisa Inés y María Dalas. Un profesor de Música, Antonio Rincón y Jesús Perdigón como profesor de dibujo y modelado. Como médico Auxiliar, el pediatra Tolosa Latour. Una mecanógrafa, dos limpiadoras, un jardinero y el conserje, constituyeron el primer equipo para atender a los 60 alumnos de clases y a los que se atendían en régimen ambulatorio. Nadie pidió aumento de sueldo hasta que la Escuela estuviera terminada. En frase de César Juarros, no en vano militar, "lo principal es que la Escuela pudiera afanarse en no tener rival, la soldada cosa secundaria".

 

Servicios.

 

            Inicialmente los Servicios que prestaba la Escuela eran:

a).- Consulta, diaria pública y gratuita.

b).- Educación y tratamiento, no sólo de los niños de la Escuela sino de los de régimen ambulatorio.

c).- Crear un plantel de maestros y médicos especializados para las Escuelas que el Gobierno pretendía crear y estimular la curiosidad de los aficionados, estudiosos, ciudadanos y padres facilitándoles la posibilidad de estar al tanto de los movimientos que sobre educación de anormales, se están dando en otras naciones.

d).- Biblioteca, un establecimiento público, abierto por las mañanas donde podían encontrase las revistas y las obras de más actualidad a nivel internacional.

e).- Cursos de Formación, que se iniciaron para maestros pero pronto se extendieron a médicos y otros profesionales.

f).- Conferencias, en el Reglamento se disponía que había de celebrarse al menos una al mes, para mantener informados a todos los que se interesasen por la educación de anormales y para ir integrando a nuevos profesionales.

 

Técnicas de diagnóstico.

 

            Las familias cumplimentaba un impreso con todos los datos, en la consulta los médicos cubrían el impreso B; y médicos y maestras cumplimentaban el C.

            La Directora y el médico decidían o no el ingreso, bajo tres supuestos: ¿es susceptible de mejora? en caso negativo no se admitía, aunque en este caso la mayoría de las veces la admisión era condicional.

            Tampoco el simple retrasado escolar se admitía, ya que la Dirección entendió que no era lícito el llenar las clases con niños que presentaban sencillos retrasos pedagógicos, consecuencias de errores escolares o problemas familiares. A los éxitos resonantes de hacerlo, decidieron dedicarse a los verdaderos anormales, en una decisión más progresiva que la de creación de la propia Escuela.

 

Estadística de anormales.

 

            Coincidiendo con la creación de la Escuela Central de Anormales, y al poco tiempo, por Real Orden, se dispuso que por los Inspectores, Directores de Escuela y maestros de Escuelas Unitarias de Madrid, se enviase a la Dirección del Instituto Nacional de Sordomudos y Ciegos, la relación de alumnos de los respectivos establecimientos que sean considerados susceptibles de educación especial.

            El Real Decreto de 13 de noviembre de 1924, por el que se reorganizaban el Patronato Nacional de Anormales y la Escuela Especial de Anormales, establecía en su Art. 5, "En tal sentido, se considerarán funciones peculiares del Patronato: la función de estadística de Anormales".

            Dado el nulo eco y aplicación de la Real Orden de 1922, en principio, se limitó la formación de la estadística a Madrid. Se distribuyeron tres mil ejemplares de la Circular que iniciaba la estadística y se publicó en el Boletín Oficial del Ministerio, por lo que por uno u otro medio, los Inspectores de Enseñanza, los maestros de Madrid, "los que tienen establecimientos de enseñanza conocidos y todos los médicos que en la Corte ejercen su profesión", deberían tener conocimiento de ella.

            Los Inspectores de Primera Enseñanza respondieron dando cuenta del escaso número de niños mentalmente anormales que acudían a las escuelas públicas y razonando este fenómeno por el hecho de no existir escuelas bastantes para la educación de toda la población escolar, que obligaba a los maestros a no recibir en las aulas sino a aquellos para quienes había de ser más útil la labor educativa y "que no constituían un peligro ni una rémora para el aprovechamiento de los demás".

            Tales datos y consecuencias, comunicaba el Patronato, han sido confirmados por los escasos boletines recibidos de los maestros "y vienen a confirmar de un modo positivo, el acierto del Gobierno, al hacer posible la creación de un Centro Especializado que recogiera aquellos elementos sociales, que sin él, quedarían huérfanos de educación y cuidados médicos".

            Quedaba la esperanza, para la labor de estadística, que los médicos "tuvieran conocimiento de quienes están dentro del cuadro de las anormalidades". Sólo dos médicos contestaron. En vista de ello, el Patronato Nacional de Anormales, insta al Ministerio de Instrucción Pública, "sólo ha de tener eficacia la coacción oficial" por lo que el Patronato solicita sea facultado para encomendar amplias facultades de estadística al cuerpo de Inspectores de Enseñanza Primaria. Ante las dudas de la eficacia de la coacción, el Patronato solicita del Ministerio que se dirija al Ministerio de Gobernación de quién depende Sanidad para efectuar tal estadística.

            El Ministerio de Gobernación, no sólo se inhibe alegando no ser de su competencia, sino que le recuerda al Ministerio de Instrucción Pública que "la mejor fuente de información para llevar a la práctica tal servicio es la Inspección médico-Escolar creada por Real Decreto de 29 de septiembre de 1913, dependiente de la Dirección General de Enseñanza Primaria asignándole, entre otras, la organización de registros sanitarios para formar las oportunas estadísticas (Art 2, III). Añade el Ministerio de Gobernación, por otra parte que "los establecimientos de Educación de Anormales dependen de ese Departamento" (A.G.A, 1925).

            Cierta confusión se produjo en el Ministerio de Instrucción Pública, en el Patronato Nacional de Anormales e incluso la Escuela Central de Anormales ¿es que no había niños anormales? Binet en Francia, en el año 1904, cuando el Ministro le había encomendado la organización de la enseñanza de anormales, encontró a muchos en las escuelas ordinarias. En Madrid, ¿no los había? ¿sólo los que había en la Escuela Central y otros tantos en instituciones privadas? ¿no había más?

            Por otro lado, el Ministerio de la Gobernación parecía que no tenía ninguna responsabilidad, y si no tenía competencias es que tampoco tenía conocimiento de sus problemas y por lo tanto de su existencia. No los había ó, ¿dónde estaban?

            María Soriano, en los años 1921 y 1922 realizaba las prácticas de Psicología Experimental y Pedagogía de Anormales en la Escuela de Estudios Superiores de Magisterio, en la calle Montalbán de Madrid. Allí, en el garaje, realizaba sus primeros diagnósticos. La madre traía a su hijo, lo dejaba en el garaje, y se escondía entre los coches para mirar. María Soriano gastaba su tiempo y miraba de reojo a la madre, pero no comenzaba a trabajar. Hasta que la madre, poco a poco se iba acercando, e iba dejando, poco a poco, su miedo y vergüenza. Cuando se sentaba, asumía que aquél que estaba sentado a su lado, era su hijo. Sólo entonces, María Soriano comenzaba a trabajar.

            Los había, pero escondidos en sus casas, como si no existieran; su problemática no era evidente, no se conocían. María Soriano y la Escuela Central de Anormales trabajaron para sacar de sus casas a los niños anormales, para que la sociedad los viera y tomase conciencia de su existencia.

            Este fue el primer paso para la integración. El segundo era trabajar con ellos, con todos los recursos científicos y técnicos que la ciencia iba aportando.

            El tercero, devolverlos, sin haberlos sacado, a la sociedad.

            A lo largo de su vida profesional, y con el rigor científico que le caracterizaba, consiguió que los profesionales, cada vez más y de más diversas profesiones, se ocuparan de la atención adecuada a estos niños. Una vez conseguido esto, trató de darle una dimensión social al problema y a su solución, que fuera un problema de la sociedad toda.

            Y ello, desde que en 1928, en París, María Soriano y los padres y madres de la Ortopedagogía en la Quincena Social Internacional plantearon el problema de la anormalidad como un problema social.

            Y es esta una de las constantes de María Soriano, el provocar, el hacer emerger, descubrir, mostrar y evidenciar; y conectar con las corrientes, movimientos e investigaciones que a nivel internacional se están produciendo.

            Internacionalizar los problemas humanos, y humanizar su solución.